sábado, 21 de octubre de 2017

American Horror Story Cult o el origen del odio


Y un día el odio se extendió por el mundo. Familias rotas por la política, grupos de amigos en el Whatsapp que se insultan los unos a los otros y trolls que compiten en las redes sociales por ver quién la suelta más gorda. El ciudadano de a pie se las ve y se las desea para esquivar la bilis que le salpica desde todas partes, porque en cuanto se posicione por algún lado se dejará arrastrar por la vorágine del odio. Puede que parezca que estoy hablando del conflicto catalán, pero en realidad es de la séptima temporada de American Horror Story, Cult que este año se ha lanzado al jardín de contar una historia de terror sobre las últimas elecciones norteamericanas. Y la verdad es que da mucho miedo.

Ryan Murphy se ha convertido en el niño mimado de la Fox, donde no paran de caerle nuevos proyectos que siempre se convierten en fenómenos televisivos. Comprometido en la defensa de los derechos de los homosexuales, Murphy no podía quedarse callado con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Para la temporada, que desde septiembre puede seguirse en Fox en versión original, ha construido una gran metáfora sobre el ambiente de crispación existente en los Estados Unidos en los momentos previos a las elecciones y los inmediatamente posteriores. 

A pesar de que cada año la serie se reinventa y arranca al siguiente con nuevas historias y personajes, siempre se ha dicho que hay alguna conexión entre todas las temporadas de American Horror Story. En alguna ocasión, ya hemos visto conexiones y cruces entre algunas de sus historias. En Cult, recuperamos al espeluznante payaso de Freak Show (cuarta temporada). En estos nuevos episodios, aparece en un par de breves cameos pero, aunque su presencia sea breve, tenemos payasos para dar y tomar. Los malos son los miembros de una secta que se disfrazan de clowns asesinos en medio de un ambiente marcado por la crispación. Hay un ser que se alimenta de todo ese odio, manipula los sentimientos de la población y dirige su ira hacia objetivos muy concretos. Un odio ciego que hace que alguno llegue a luchar precisamente contra aquellas cosas que debería estar defendiendo.

Los miembros del culto pretenden usar el miedo como método para controlar a la gente. La locura parece haberse apoderado del mundo, hasta el punto de ver cómo un hombre con la mano recién amputada acude al colegio electoral a depositar su apoyo a Trump y clamarlo a viva voz. Es una de las escenas más espeluznantes de la temporada. No es un ambiente agradable. Sobre todo para aquellos que forman parte de las minorías, como homosexuales, o inmigrantes, que son contra quienes van dirigidos de momento buena parte de los ataques de la secta fanática. En los episodios emitidos se han podido ver, como es marca de la casa, homenajes a clásicos del género, como pueden ser It, La naranja mecánica y hasta Luz de Gas. 

Y un día el odio se extendió por el mundo. Familias rotas por la política, grupos de amigos en el Whatsapp que se insultan los unos a los otros y trolls que compiten en las redes sociales por ver quién la suelta más gorda. El ciudadano de a pie se las ve y se las desea para esquivar la bilis que le salpica desde todas partes, porque en cuanto se posicione por algún lado se dejará arrastrar por la vorágine del odio. Puede que parezca que estoy hablando del conflicto catalán, pero en realidad es de la séptima temporada de American Horror Story, Cult que este año se ha lanzado al jardín de contar una historia de terror sobre las últimas elecciones norteamericanas. Y la verdad es que da mucho miedo.

Ryan Murphy se ha convertido en el niño mimado de la Fox, donde no paran de caerle nuevos proyectos que siempre se convierten en fenómenos televisivos. Comprometido en la defensa de los derechos de los homosexuales, Murphy no podía quedarse callado con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Para la temporada, que desde septiembre puede seguirse en Fox en versión original, ha construido una gran metáfora sobre el ambiente de crispación existente en los Estados Unidos en los momentos previos a las elecciones y los inmediatamente posteriores. 

A pesar de que cada año la serie se reinventa y arranca al siguiente con nuevas historias y personajes, siempre se ha dicho que hay alguna conexión entre todas las temporadas de American Horror Story. En alguna ocasión, ya hemos visto conexiones y cruces entre algunas de sus historias. En Cult, recuperamos al espeluznante payaso de Freak Show (cuarta temporada). En estos nuevos episodios, aparece en un par de breves cameos pero, aunque su presencia sea breve, tenemos payasos para dar y tomar. Los malos son los miembros de una secta que se disfrazan de clowns asesinos en medio de un ambiente marcado por la crispación. Hay un ser que se alimenta de todo ese odio, manipula los sentimientos de la población y dirige su ira hacia objetivos muy concretos. Un odio ciego que hace que alguno llegue a luchar precisamente contra aquellas cosas que debería estar defendiendo.

Los miembros del culto pretenden usar el miedo como método para controlar a la gente. La locura parece haberse apoderado del mundo, hasta el punto de ver cómo un hombre con la mano recién amputada acude al colegio electoral a depositar su apoyo a Trump y clamarlo a viva voz. Es una de las escenas más espeluznantes de la temporada. No es un ambiente agradable. Sobre todo para aquellos que forman parte de las minorías, como homosexuales, o inmigrantes, que son contra quienes van dirigidos de momento buena parte de los ataques de la secta fanática. En los episodios emitidos se han podido ver, como es marca de la casa, homenajes a clásicos del género, como pueden ser It, La naranja mecánica y hasta Luz de Gas. 

A lo largo de este último año hemos visto cómo otras series de televisión jugaban también con el clima de odio y crispación. La sexta y, de momento, última temporada de Homeland nos mostraba que el proyecto más secreto de los servicios de inteligencia norteamericanos era un búnker oculto desde donde decenas de agentes se metían en las redes para canalizar la crispación del público y dirigir su ira. En Braindead, se parodiaba la situación política preelectoral presentando a una raza alienígena de insectos que se alimentaba de los cerebros de personas clave en el poder de Washington, nutriéndose de todo aquello que les separa de sus rivales políticos haciendo que queden atrapados en una discusión que es un bucle sin fin y que se va retroalimentando. En el famoso episodio de las abejas mecánicas de Black Mirror, el uso de determinados hashtags en las redes podía servir para poner una diana sobre la cabeza sobre el tuitero de turno. Por su parte, Twin Peaks tiene muy claro cuál fue el día en el que se desató el mal en el mundo. El momento en que estalló la primera bomba atómica en el desierto de Nuevo Méjico, en los ensayos previos a los bombardeos de Japón, tal y como nos cuenta el maravilloso y controvertido octavo episodio.

Con estos argumentos, nos damos cuenta de que llevamos ya un tiempo instalados en esto de la crispación. Lo malo viene cuando uno apaga el televisor y empieza a ver que entre realidad y ficción, ya apenas van quedando pocas diferencias.